Soy mujer antes que ser mamá de un hijo con discapacidad.

 

El 8 de marzo se celebra el Día internacional de la Mujer, y más allá de llenarnos de felicitaciones solo por el hecho de ser mujeres, es una oportunidad para reflexionar sobre los problemas que aún existen y que impiden logar una equidad de genero. Desigualdad que se incrementa dependiendo de la situación en la que se encuentra cada mujer, ya sea por desigualdad social, económica, jurídica, étnica o religiosa.

 

Pero el post del día de hoy he querido dedicarlo al empoderamiento de las mujeres y madres de un hijo con discapacidad, quienes nos encontramos en una desigualdad familiar; posicionándonos y asumiéndonos como las principales responsables del cuidado y desarrollo de nuestro hijo; dejando a un lado nuestros propios intereses o nuestro desarrollo profesional.

 

Cuando nos enteramos de la condición de  nuestro hijo, asumimos automáticamente su seguimiento y cuidado, cuando en realidad esta tarea debemos desempeñarla en pareja; dividiéndonos los quehaceres que se deben cumplir y dando oportunidad al reconocimiento e individualismo de la mujer en la familia.  Porque el respeto y reconocimiento de la MUJER, debe realizarse primero en casa. Es aquí donde entonces nos toca ser conscientes y donde hablamos del empoderamiento, reconociendo que la mujer no es la única responsable del cuidado, atención y educación de los hijos.

 

“No deseo que las mujeres tengan más poder sobre los hombres, sino que tengan más poder sobre ellas mismas”  – Mary Sheller-

 

Entendemos como empoderamiento de la mujer, al conjunto de herramientas, valores y derechos que favorecen la participación igualitaria de la mujer dentro de la familia y de la sociedad, derribando las barreras estructurales y de genero, permitiendo las mismas oportunidades para ambos.

 

“Las mujeres deben intentar hacer las mismas cosas que intentan los hombres. Cuando fallan, su fracaso no debe ser otra cosa que un reto para todas las demás”. 

– Amelia Earhart-

Desde que inicie en este camino de ser madre de un hijo con discapacidad, comencé a encontrarme en las terapias a mujeres preocupadas, estresadas y muchas veces hasta desalineadas, acompañando a sus hijos en las sesiones. Muchas llevábamos cuadernos, apuntando todos los consejos que nos daban,   algunas hasta nos hemos hecho cómplices, amigas y compañeras de este peregrinar, pero y ¿dónde están los hombres?. También me he encontrado a  mujeres que habían decidido dejar a un lado su carrera profesional para dedicarse 100% al cuidado de su hijo.

 

 

Sin duda tener un hijo con discapacidad requiere de muchas atenciones, medicas, escolares y de terapias. Pero de nada sirve que solo mamá trabaje, cuando en realidad la integración y desarrollo del niño depende de la unificación y del trabajo en conjunto en casa.   Si solo mamá asume el trabajo pronto llegará el cansancio y llegarán las diferencias en la pareja. Ella se sentirá frustrada y sin metas personales, y todos necesitamos crear nuestras propias aspiraciones y alcanzar nuestros sueños.

 

 

 

“Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento”       –Eleanor Roosevelt-

 

 

Cuando una familia tiene un hijo con discapacidad, las necesidades son tan demandantes que la relación de pareja se ve afectada y pronto se pueden encontrar diferencias que son tan solo son un detonante para los divorcios. Es más sencillo si entre ambas partes asumen roles que beneficien y potencialicen los intereses individuales, formando una equidad donde el hombre y la mujer se desarrolle y no solo una persona viva enfocada a las atenciones del niño.

 

Somos mamás especiales pero también tenemos deseos.

Tenemos pasiones.

Nos gusta trabajar, creer en nuestras propias capacidades.

Creemos en nuestra independencia.

Disfrutamos de nuestros hijos, de nuestra pareja pero también de nosotras mismas.  

Somos mujeres que necesitamos hablar, salir con amigas, amigas que no tengan que ver con este mundo de la discapacidad. 

Necesitamos un tiempo,un break y un tiempo fuera. 

Somos mujeres, antes de ser mamás de un hijo con discapacidad. Y a veces nos hace falta recordárnoslo a nosotros mismas. 

 

Así que si eres mamá de un hijo con discapacidad, vuela, se libre.

La discapacidad no puede ser una ancla para renunciar a tus sueños.

Asigna responsabilidades.

Sal, diviértete y encuentra esa sonrisa y esa mujer que eres.

 

 

Y te dejo el siguiente video ¿Te suena familiar?

 

 

 

 

  • La mamá de Luciano

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