La emotiva carta de un Padre a su Hija el día de su Boda

Nos preocupa el futuro de nuestros hijos, y al final la vida va poniendo las cosas en su lugar para que sucedan de la mejor manera.

Esta es la carta de un padre a su hija el día de su boda, no podía dejar de compartir lo emotivo y hermoso en sus palabras.

Querida Jillian:

Es la tarde de tú boda. 27 de junio de 2015. En dos horas, tomarás el paseo de tu vida, el paseo más memorable que has podido alcanzar para llegar a este día. No sé cuáles son las probabilidades de que una mujer con Síndrome de Down pueda casarse con el amor de su vida. Sólo sé que lo lograste.

Ahora estás allá arriba, haciendo los preparativos finales con tú mamá y con las damas de honor. Tu cabello se enrolla perfectamente por encima de tu esbelto cuello. Tu vestido es una joya – “mi destello” lo llamaste – atrae cada rayo de sol de la tarde que entra por la ventana. Tu maquillaje, el lápiz labial de color rojo, resalta de alguna manera la belleza que ha crecido desde el día en que naciste. Tú sonrisa está floreciendo y es interminable.

Estoy afuera, debajo de la ventana, mirando hacia arriba. Vivimos para disfrutar de estos momentos, cuando las esperanzas y los sueños se cruzan en un dulce punto en el tiempo. Cuando todo lo que siempre hemos imaginado llega y asume una claridad perfecta. La felicidad es posible. Sé que está sucediendo eso ahora, debajo de esta ventana.

Tengo todo y nada por decirte. Cuando naciste y durante años después, no me preocupé por que tus logros académicos se lograran. Tu mamá y yo haríamos que esto sucediera. Nosotros haríamos  ejercer la ley como un garrote si teníamos que hacerlo. Debíamos ser tus maestros para enseñarte, y sabíamos que ganarías el respeto de tus compañeros.

Lo que no podíamos hacer, era que otros niños como tú, te aceptaran, te hicieran su amiga y estuvieran junto a ti en el “coliseo de la vida”. Pensamos, ¿Qué sería de la vida de un niño, sin pijamadas, fiestas de cumpleaños o citas para el baile de graduación?

Estaba preocupado en ese entonces. Lloré durante una noche cuando tenías 12 y bajaste las escaleras para decirme: “No tengo ningún amigo.”

Todos deseamos las mismas cosas para nuestros hijos. Salud, felicidad y una gran habilidad para adaptarse y disfrutar del mundo, y no sólo de su típico grupos de amigos. Estos objetivos son derecho de nacimiento de todos los niños. Me preocupaban tus objetivos, Jillian.

No debí hacerlo. Para ti es natural socializar. Ellos te llaman “La Alcaldesa” de la primaria por tu capacidad para involucrarte con todos. Bailaste en el equipo junior de baile en la escuela secundaria. Pasaste cuatro años asistiendo a clases a la universidad, y creaste recuerdos de larga duración con todos los que te reuniste.

¿Te acuerdas de todas las cosas que dijeron que nunca harías, Jills? Como andar en bicicleta o practicar deportes. Que no irías a la universidad. Y por supuesto, que no te casarías. Ahora… mírate.

Tú eres la persona más agradable que conozco. Alguien quien es capaz de vivir la vida con empatía y simpatía; sin esquemas ni engaños, eres alguien a quien todos quieren conocer. Así funciona contigo, porque así eres.

Yo debo decirte que le des a tu prometido, Ryan, todo tu corazón, pero eso sería una obviedad. Debería decirte que seas amable y gentil con él, pero tú ya lo haces también, como lo hace con todo el mundo. Deseo para ustedes una vida de amistad y respeto mutuo, pero ustedes dos ya tiene una década juntos, y el respeto y la amistad ya es parte.

Hace una década, cuando un joven se acercó a la puerta con un traje y llevando un ramillete hecho de orquídeas cymbidium, y dijo: “Estoy aquí para traer a su hija de regreso a casa, señor” todos los temores que tuve al respecto de que tu vida sería incompleta, se desvanecieron.

Ahora, tú y Ryan están tomando un camino diferente juntos. Este es un nuevo reto, pero no es menos desalententador que a todos los que te has enfrentado. Teniendo en cuenta lo que eres, no podría ser menos. La felicidad viene fácilmente a ti. Tan fácil como tú capacidad de hacer felices a otros.

Ahora te veo. Los preparativos se han hecho, la puerta se abre. Mi niña, toda de blanco cruzando el umbral de otro sueño conquistado. Me quedo sin aliento y paralizado totalmente en ese momento. “Te ves hermosa”, eres lo mejor que pude hacer.

Jillian me da las gracias. “Voy a ser siempre tu niña” es lo que dice .

“Sí, lo serás” le respondo. “Es hora de irnos”, le digo. “Tenemos un paseo para dar”.

Escrita por Paul Daugherty, autor de “A Uncomplicated Life” (Una vida sin complicaciones), una memoria de las anécdotas de su hija Jillian.

Paul Daugherty es un columnista de deportes de toda la vida para el Cincinnati Enquirer.

Nota tomada de : http://themighty.com/2015/08/to-my-daughter-with1-down-syndrome-on-her-wedding-day/

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